miércoles, 16 de diciembre de 2020

Lista de espera

Lista de espera para el colegio,
lista de espera para el piso,
lista de espera para el quirófano,
Lista de espera... siempre esperando.
Nuestros padres en la residencia,
nuestros hijos en la guardería,
nosotros en el trabajo.
Nosotros... muriendo en el trabajo.

La comida escasea como nunca
en tiempos de cocineros con pinzas
posando bajo los focos.
La vida es una carrera en nuestras cabezas
intentado escapar de un laberinto bancario,
ciclópeo, omnipresente, omnipotente.
Los días se acortan y la luz se apaga
como el dinero a final de mes.
Ni la luz del día es fiable
bajo la posibilidad del impago.
El calor de los hogares se pierde en el ocaso
cuando los números se ponen al rojo vivo.

Lista de espera para el colegio,
lista de espera para el piso,
lista de espera para el quirófano,
Lista de espera... siempre esperando.
Nuestros padres en la residencia,
nuestros hijos en la guardería,
nosotros en el trabajo.
Nosotros... muriendo en el trabajo.

Pensábamos que el genio de la lámpara
era una fantasía del deseo inmediato y sin columnas,
hasta que llegó a nuestras puertas
un enjambre de drones de Amazon
acuciado por el consumo de impulsos
y devorando la carroña de nuestra deriva.
En España siempre han sobrado 26 millones de personas,
pero no las fusilarán porque su miseria es necesaria.
Sin ellas la tasa de ganancia se derrumba.
Las rutinas de un ejército de termitas
como palíndromo roto de paraíso fiscal
siempre al otro extremo.

Lista de espera para el colegio,
lista de espera para el piso,
lista de espera para el quirófano,
Lista de espera... siempre esperando.
Nuestros padres en la residencia,
nuestros hijos en la guardería,
nosotros en el trabajo.
Nosotros... muriendo en el trabajo.

Nuestros genes nos condenan al olvido
en forma de piedra inevitable.
Vivimos nadando en plomo frío
que hipoteca nuestras moléculas.
Se cayó Google pero no nos dimos cuenta
porque estábamos en el campo.
Se cayeron los trepas arribistas del carro
cuando los votos comenzaron a fallar:
la hemeroteca es el mejor insulto,
como un espejo perfecto.
Mientras, el resto quemamos los días en la

Lista de espera para el colegio,
lista de espera para el piso,
lista de espera para el quirófano,
Lista de espera... siempre esperando.
Nuestros padres en la residencia,
nuestros hijos en la guardería,
nosotros en el trabajo.
Nosotros... muriendo en el trabajo.


jueves, 10 de diciembre de 2020

Letras para el 4º EP de Heridas de K

Letras improvisadas y grabadas sin pensarlas mucho.

Cómo limpìar un río

Dónde está la lengua que habla de estos días.
Cómo limpiar el río de nuestras huellas.
Dónde están las manos que abren sus ventanas,
que encuentran en sus paredes el calor de lo vivido.
Cómo caminar en este alambre tenso
entre realidades que nos desdibujan
y saber lo que somos, y saber qué queremos,
y elegir las quebradas caricias que esperan
en un valle secreto.
No dormir en las rendijas, ser otro aire, otro viento,
un sendero escondido que nos lleva a cielo abierto.
Donde somos sólo agua y sólo hielo.
Donde el eco del glaciar es el tuétano
de nuestros huesos.




Nuestros cuchillos serán mucho más crueles

Gotas en la ventana, el gato en el jardín.
Las grullas cortan el cielo cuando vuelves aquí.
Un tiempo irreal, sin asideros.
Un silencio mortal, asfalto y cemento.
Rota está la cadena y el esclavo no quiere huir,
asustado de las nubes y del viento,
y del sol de abril.
Nada rompe el miedo de quien de miedo se alimenta.
Nada pone caminos en los pies del que tiembla.
Hay una nueva geometría en las calles,
nuevas distancias y abismos insondables,
caras que esconden la voz como nunca la escondieron,
miradas abandonadas por las palabras del silencio.
De esta saldremos convertidos en mejores personas.
De esta saldremos haciendo mejor la guerra.
Nuestros cuchillos serán mucho más crueles.



Corza asesinado por un mierdas

Sus huellas mueren en el arroyo.
Sus ojos cansados. Ya no la oigo.
Ya no será una sonrisa en el bosque,
ese secreto que espera en el monte.
Toda su fuerza, su limpia silueta
desparecen en las babas de la bestia
que apenas sabe hablar sin cagarse encima,
ectoplasma que vomita en la vida.
Nada como su luz al anochecer,
como su vuelo de curva inadvertida.
Eres mono contrahecho
que se baña en excrementos,
una boca sin palabras,
los sueños que todos odian.



Mujer loba

Sedienta de luna, sedienta de ira,
como en aquel tebeo de Alan Moore.

Sin descanso, sin un hogar.

Rodeada de tedio, sufriendo en silencio.
Helada en invierno, perdida en lo azul.

Sin descanso, sin un hogar.
Un mundo hostil, balas de cristal.

Despacio se abre la herida del cielo,
deprisa se pierde tu voz en el tiempo.
El miedo da paso a la furia y la rabia,
destrozas la cárcel de las miradas.

No esperas ya nada que no esté en tu mano.
Confusa y cansada de este mundo extraño.
Tanta violencia, tan pocos resultados.
Estamos tan perdidos, vivimos tan enterrados.

Sedienta de luna, sedienta de ira,
como en aquel tebeo de Alan Moore.





miércoles, 9 de diciembre de 2020

Plaga de conejos

Constantemente en la radial de fumigación atronadora,
decenas de coches densos como grasa zumban mil por minuto,
sobre los límites de velocidad permitidos en cualquier anatomía,
anatomía nacida y nutrida de gases negros como almas de oligarca;

partiendo el territorio su serpiente circular de hastíos,
yendo en tropiezo eterno a vender malamente su fuerza de trabajo
por un sueldo obligado en su vergüenza, por un sueldo de mierda,
acelerando sin norte por la radial en contra de todas las bocas. 

Al lado de esa arteria de la miseria vestida de luces metálicas,
al lado de todo esto dicen, dicen que hay una plaga…
de conejos.

Vidas atascadas para producir cosas que no necesitamos,
como cuchillos sin pan y labios sin futuro, sin sombra,
se desesperan en celdas con aire acondicionado y lector USB.
Una fotocopia de una fotocopia de una fotocopia.

Decenas de miles de vidas subsumidas a cada instante
en interés de minorías podridas en cuerpo y alma
pero con paraísos de compra y venta y banderas de recambio en el todo a cien,
matando y esquilmando el planeta, su tuétano y sus albas...

Al lado de todo esto dicen, dicen que hay una plaga…
de conejos, y por eso hay que matarlos,
porque el descaste lo decide el más cruel,
el que hace de la lepra su herencia y su legado.



sábado, 5 de diciembre de 2020

Hay una medalla de la URSS en Venus (todo está en Verhoeven)

Somos de una tierra antigua como la mordedura del cielo,
pero nos esforzamos en vivir en balsas a la deriva.
Hay una medalla de la URSS en Venus
pero ahora el patrón es un algoritmo,
y la burguesía un sueño húmedo para cobardes.
Que baje la niebla para cubrir las cunetas ateridas.
Hacia atrás se dirigen las preguntas,
donde las certezas son más sólidas.
Las cloacas siempre serán inevitables,
porque siempre serán necesarias:
es su curso de miasma lo que ahoga las voces.
 
En estos días de aluminio gastado,
de palabras abiertas de piernas
a cambio de monedas con moho;
de penas en bucle
y lanzazos como alientos últimos
donde baila un parpadeo de balas;
 
en este tiempo los dientes
son el puente erosionado
bajo el que cobijar las vergüenzas.
El lumpen se caga en la escuela de Ferrer y Guardia
a cambio de los restos del banquete.
No ofreceremos más nudillos
para que sigáis tragando priva.

Hemos manchado de café las agendas,
es lo más parecido a una cicatriz de bala
que recuerde quiénes hemos sido.
Es la hora del pan prieto
y las manos aferradas a la carne de la tierra.
No es momento de vuelos sin rumbo.
Tocaremos la misma canción en bucle constante,
perderemos la pasión pero ganaremos el cielo.
Hay una medalla de la URSS en Venus.
Hay una medalla de la URSS en Venus.
 
Desde el quince eme todo es una eme.
Todos los hombres violan en potencia.
Guerras, putas y clases siempre las ha habido.
Esto es lo que hay: el pez grande se come al chico,
El Pais y sus lacayos romantizando la pobreza,

Corrales bici y otros feudos de lo sentido sobre la materia;
cincuenta por ciento de paro
pero necesitamos más emigrantes muertos en el estrecho
para el ejército de reserva de los desempleados
que justifique el dinero en Suiza.

La revolución era Loreta segregada y empobrecida
escondiendo el pene por las esquinas donde se vende.
Todo ha cambiado, pero no ha cambiado nada.
Hay una medalla de la URSS en Venus,
hay certezas todavía pero no las vemos.

Estamos solos y nada tiene sentido entre las estrellas
salvo esta voluntad de virus tan odiosa.
El mundo está lleno de hijos de puta
poniendo puertas al campo escopeta en mano.
Qué fácil es ser el más malote del barrio
cuando no pagas el hospital.
Todo está en Verhoeven.
Todo está en Verhoeven, sí,
pero hay una medalla de la URSS en Venus.

Hay una medalla

de la URSS

en Venus.


martes, 27 de octubre de 2020

Recuento de bajas

Al caer la noche nos duele el día.
Con sus ojos de fósforo y plutonio
el día radiografía nuestro aliento roto,
las lágrimas en el adn y su hambre fría.

Despacio, como camino del cadalso
tomamos el metro y tapiamos nuestras bocas,
las suelas rotas de un millón de zapatos
atruenan en los pasillos y su silencio cómplice de baldosa.

Cada día es un "por favor" sumiso y sucio,
cada día es un hilo de voz sobre la herrumbre
de máquinas crueles que germinan en la dermis
y riegan de grasa nuestro hogar sin techumbre.

Hace tiempo decidimos este horario de garrote vil,
dejamos a un lado los senderos abiertos
para habitar las cloacas y levantar cementerios
en los que perseguimos espejismos de alamedas y arroyos.

En la tela de araña de nuestras arterias
quedan ecos del fogonazo que pudimos haber sido,
lo que es miseria lo recordamos como alimento
y al futuro lo llamamos abandono.

Hemos perdido hasta el concepto de la pérdida.
Nos deslumbra el brillo del pantano y sus miasmas.
Nos limitamos a soñar en horas sin riesgo.

Caemos en el olvido y su herida abierta.
Tenemos miedo de lo que fuimos y su fantasma.
Al alba acuden las navajas de la impotencia y el deseo.

Con este adobe levantamos hogares sin lumbre.
En estos jergones acomodamos nuestra saliva.
En esta oscuridad pretendemos no ser ciegos.

Ahí arriba se ríen de nuestro derrumbe.
En sus salones las llamas siempre se avivan.
En sus miradas siempre rezuma el desprecio.



viernes, 14 de agosto de 2020

"HARDCORE", plaqueta para el ferragosto de 2020 junto a un EP de Asamblea.

 Lo dicho. Nueva edición DIY: plaqueta de poesía en formato cuadrado, acompañada de ilustraciones rápidas de ratón dedicada al hardcore y su impacto en mi adolescencia. Se descarga junto al EP de Asamblea "30 años son nada".






Para descargar:

https://asamblea.bandcamp.com/album/30-a-os-son-nada

En "Buy Digital Album" pones "0" euros y hala, pabajo gratis.

lunes, 13 de julio de 2020

Cinco puntos de derrota de la condición humana

En verano, los pies negros y las noches de plomo fundido.
Un verano de hormigas en el teclado.
Cuanto menos curro, menos ganas tengo y mejor persona soy.
Celebro mi no hacer, me revuelco en mi pereza:
la lavadora: que la follen; la comida: que la follen;
la compra: que la follen; yo sólo quiero hacer canciones
mientras el mundo me folla y se limpia en mis lágrimas.
No tengo cabida en los circuitos comerciales
y han puesto precio a mi cabeza en los anticomerciales.
Logro superado. A por el siguiente de la lista,
porque me alimento de contradicciones ajenas.
Qué me importan sus gargajos si hablando de diversidad
las fracturas se multiplican
y todo se derrumba sobre nosotros de muy diversas formas,
de formas muy diversas
El capital ríe sobre los escombros en su uniformidad genocida:
su caballo de Troya le ahorra el trabajo de hacernos polvo.
Alucinante cómo la agenda de un multimillonario anticomunista
es compartida por la actual izquierda alternativilla
y sus aliados en la socialdemocracia parlamentaria.
Se está cayendo el mundo tal y como como lo conocíamos;
ya nada es lo que era y no lo asimilamos.
Ay, cuánto miedo y cuánto cambio; ay, qué mal cuerpo asintomático.
Salir a la calle a correr a las seis de la mañana
y recibir al momento de abrir la puerta una vaharada de diesel y nicotina.
Sales a correr al alba y la primera persona que te cruzas
te deja aturdida con su excesiva fragancia a cremas, perfume y tabaco
mientras trota a punto de perder el autobús para ir a trabajar.
Cinco puntos de derrota de la condición humana
y no llevas ni diez segundos en la calle:
a no ser que la derrota sea nuestra condición
y nadar en el fango nuestro objetivo.
A veces pierdo toda esperanza y al girar la cabeza con tristeza
veo mis guitarras apoyadas en un rincón, desinteresadas y a la espera;
sé entonces que a veces, siquiera durante unos minutos
todo tiene sentido.

martes, 7 de julio de 2020

Yo soy sólo otro lamentable hijo de mi tiempo

Yo soy sólo
otro lamentable hijo de mi tiempo
producto de mi época
y como buen producto nada díscolo
me consumen las pasiones de estos días
desde las que entiendo el mundo.
A veces tengo la certeza de habitar una era
donde son los afrancesados quienes gritan "Vivan las caenas",
porque no se podía hacer nada y no se podía saber entonces,
porque las cosas fueron despojadas de sus nombres.
Soy rehén de mis lorzas, pero me gusta tanto mi cuerpo
que me seco el sudor de la frente con un calzoncillo usado.
Guardo el sol de ayer bajo la piel de los hombros.
Imposible dormir si albergas un astro.
Me ha crecido una encina en un yogur,
una encina celta bajo el cielo azul de los suburbios,
en su viaje hacia un tetrabrik, un viaje de plástico circular.
A fin de cuentas la vida es un chicle masticado hasta la saciedad,
que se estira duras penas, sin sabor y pétreo.
Me alimento surfeando las olas en tablas de subjuntivo
pues el mundo es trinchera de tahúres.
Si alguna vez no lo tengo claro, siempre del lado de un sindicato.
Tú tantos piropos y yo tantos silencios.
Algo absoluto es algo perfecto,
así que la muerte es sin falla ni reproche.
Dormir poco y tener mucha energía
para mandar a la mierda este mundo podrido.
en el que moverse en bici y no comer carne
ya hacen más por cambiar las cosas
que trescientos panfletos y veinte turras en tuiter.
Dejo de perseguir a gente para comenzar proyectos
porque nunca hay una negativa clara
y automáticamente vuelan las pullas.
Qué de tiempo y energías perdidos
ante el miedo del río desnudo sin puentes.
Ya no hay edificios ni referentes.
Donde había un cine, hay un teléfono.
Donde había una librería, hay un teléfono.
Donde había una asamblea, hay un teléfono.
Donde había un concierto, hay un teléfono.
El activismo de este milenio es aterrador
como un anuncio de cereales donde la gente sonríe
mientras se marchita en un mar de polímero.
Me he equivocado en tantos lunes de asfalto...
Tanto como me equivocaba al llamar “militantes”
a simples drogatas cargados de chapas,
camis y banderas de luchas parciales
que perdían su peso entre litronas y caladas.
He caminado con corvas rotas
haciendo dolorosos equilibrios en esta línea
fina como el filo de una navaja
entre la experiencia y los prejuicios.
Sólo al amanecer me olvido de que amanece,
de que amanece aquí, con el eco de una sábana
y la garantía de una respiración dulce
aunque cargada de malos sueños.
En la rutina cotidiana de la venta de los cuerpos,
veo a mis antiguos compañeros de escuela,
los veo con arrugas y con ojeras
siempre corriendo detrás de un hijo,
siempre el gesto gastado por una hipoteca.
Vivo en la fractura donde el vértigo al menos se vive.
Vivo al final de un tiempo que no termina de morir.
Vivo y muero en cada línea sin papel secante
y agotado caigo al mediodía cuando todo estalla.



miércoles, 24 de junio de 2020

La soledad entre autovías,
su bramido como almohada,
la pena creciente del amanecer:
odiamos el parto del alba.
Otra noche huye entre los dedos,
tu piel como un mapa del cielo,
sin causa ni meta ni objeto concreto.

Nuestra caída es un bucle sin pausa;
el vértigo, pájaro insomne en la madrugada;
no hay evidencias de nuestros pasos,
no gira el planeta, giran nuestros brazos
que quieren huir del fondo del océano, 
hacer del invierno un verano.


Las caras cansadas de tanto soplar el viento,
las manos caídas, vencidas por el tiempo
y las bocas son soles fríos y apagados
no quedan miradas, solo ojos gastados
que observan con rabia cielos de asfalto.

La luna nos deja con llanto en el alma,
vuelta a la rutina y la desesperanza,
noches tan crueles como necesarias

domingo, 14 de junio de 2020

El artista comprometido

Desconfiar siempre del artista
que afirma estar dando testimonio
cuando simplemente parasita.
Firmar un libro, saludar desde el escenario,
el ego abotargado y mórbido
por hacer algo que todo el mundo hace.
Cuando mi música alcance el ritmo
y las historias de un tranvía ocupado,
sabré que la canción habrá dejado de mentir.
El mundo se llena de eventos de masas
bailando y así difuminadas,
bajo el régimen del botón de “play”,
escoltadas por un tanque
blindado con excusas
que intentan ocultar la desnudez
del emperador.
Es fácil desmontar la tramoya
de tu humildad hipócrita:
si el texto es de quien lo lee,
el escritor es mero botín
y la lectura una puñalada
en la espalda de quien escribe.
Estás en el centro y lo adoras,
asúmelo en público, aunque te arriesgues
a quedarte sin follar.

lunes, 8 de junio de 2020

EPITAFIO

Soy el que menos pinta aquí
pero todos insistís en cargarme de pinceles.
Cuando se acaba el café en casa
vislumbro flashes del fin del mundo.
Paso las horas dando ostias de esas
que te encogen las pelotas
y hacen temblar tus tripas.
Suelo masticar cebollas
para evitar problemas de ingle.
No cruzo fronteras alambradas:
me refugio de la realidad.
La idea es esa: no cruzar, no moverme,
sólo aferrarme a las paredes de mi cráneo.
Piensa honestamente en el esfuerzo
de cultivar una relación sin prótesis,
con sólo la voz y el tiempo.
Piensa en la cojera de tus llamadas
y en la corriente de agua emocionada
por su propia inercia.
A veces la lluvia cae con razón;
otras, sin ella, dislocada.
Hay un páramo ilimitado en mi pared
donde acechan varias fata morgana
diagnosticando lo inútil de la brújula.
Me pasé la universidad viajando tras cada clase al baño
metiendo la cara en agua helada para despertarme,
las primeras contracturas germinando en la espalda
tras descargar trailers cada noche a contrarreloj.
Es un buen retrato de mi caída
(pues sólo he vivido tropezando y comiendo tierra)
y con él alcanzo el triunfo.
En el epitafio que nadie me rendirá,
podrá leerse: “hizo música y versos de mierda
que a nadie interesaron…”
y ¿sabéis que?:
Con eso existirá, si bien fugaz,
la certeza inútil de que viví como dios manda,
viví en el borde recto de las cosas.
Habré llevado la roca a la cima de nuevo,
habré ganado mi última batalla
después de muerto. 

jueves, 4 de junio de 2020

Cretinos de Occidente

Occidente está lleno de cretinos que no entienden
que también los africanos se odian y matan entre sí.
Cretinos en países enviando migajas sanitarias financiadas
por las mismas multinacionales lanzando en paracaídas
a los mercenarios que torturan a Lumumba y Sankara,
gigantes blancos armados hasta los dientes
troceando y desmenuzando tierras de ensueño pero sin futuro.
Capullos que piensan que sin Gulag ni Paracuellos
el capital procederá al reparto de la riqueza algún día.
Criaturas desustanciadas sin esencia que pretenden ignorar
que el lugar de su filosofía es el saqueo del resto del mundo.
Un mundo que no ha cambiado tanto como pensáis.
Vosotros sí. Si que habéis cambiado y por eso
os morís de vergüenza en las noches.
¿Por qué a tanta gente le cuesta entender que una
de las tareas del gobierno es gestionar la muerte
como un elemento más de la economía?
Clase media aspiracional  buscándose en grupos de autoyuda
que no ayudan a vivir pero sí a aguantar las tormentas de mierda
que nos caen a diario. Mi barrio es un barrio de gente triste,
que no llega a pedo pero se cree mierda.
Cuando llueve fuerte las cloacas inundan sus chalets
burbujeros construidos entre escombreras.
Gente idiota que se siente solidaria
porque aplauden en ventanas como las focas,
mientras desean alambradas bien sólidas
alrededor de la miseria de sus vidas,
no vaya a ser que el espejo ya no soporte
el tamaño del embuste y la mentira
sobre la que han traído hijos desganados
y sin nubes a este mundo siempre en guerra.

martes, 2 de junio de 2020

Las lentejas pegadas del coronel Kurtz

Bob Esponja y Jazz Bandana superando en cicatrices
a esta realidad de goma. No añades ni una coma
a este tiempo de árboles castigados sin ramas.
A veces te viene grande, a veces te va pequeña
la órbita del planeta sin lumbre ni fases
cada madrugada reiniciando memoria.

Las luces en la distancia, sonidos de autovía,
donde habita la tristeza y todo es azul,
descampados en afueras, oxígeno entre coches,
dónde estabas tú.
La única radio que escuchas son los radios de tus ruedas
el único brillo que importa no cabe en las aceras.
Grupos de capital en el parlamento
el miedo a la venta en almacenes sin descuento


Te acercas despacio al saber y escuchas callada al dragón;
te alejas del fuego porque no te sobra vida ni posees tanta piedra.
A veces te vas a Japón y se te pegan las lentejas;
la cocina es el horror del coronel Kurtz llorando en las tinieblas.

Qué caros los arrebatos al llegar a cierta edad,
qué imprescindibles para saltar sobre la luna.
Para qué distorsionar la realidad ya saturada,
cuenta bancaria del hambre futura.
Ya no confías en la policía.
Ya no confías en tipos armados de ultraderecha
que se saben impunes cuando dejan marcas en el alma.

Dicen que una buena lluvia se lleva la mierda
pero en tu barrio sólo revienta cloacas,
pasamos una semana dibujando miserias
en el fango que nadie quiere y todos olvidan.
Noches en que esta pena sin causa concreta
te niega el sueño y te rompe la espalda.
Todo cae sin razón definida en el vacío.
Aferras con rabia tu cuerpo de plata.

Te acercas despacio al saber y escuchas callada al dragón;
eliges alejarte del fuego porque no te sobra vida ni posees tanta piedra.
A veces te vas a Japón y se te pegan las lentejas;
la cocina es el horror del coronel Kurtz llorando en las tinieblas.

El alba es una cuerda de nudos imposibles
el día de mañana es el miedo de cada día
pedaleas esquivando palabras invisibles
en el extrarradio lejos de la gran vía.
El cielo derrota con brazos de arena
a la noche que se rinde agotada,
el calendario se hace cadena
y todos acuden a su llamada.

Te acercas despacio al saber y escuchas callada al dragón;
eliges alejarte del fuego porque no te sobra vida ni posees tanta piedra.
A veces te vas a Japón y se te pegan las lentejas,
la cocina es el horror del coronel Kurtz llorando en las tinieblas.




martes, 19 de mayo de 2020

Ahora que huelo a señor mayor


Qué revolución haré yo si mi espalda cruje
y mi cabeza se vence bajo los tejados.
Si la única vez que amenacé a un empresario
con mi sindicato, mi sindicato me dejó tirado
y el empresario sigue bailando sobre tumbas.

Qué revolución ni que consciencia del momento
si sólo me puedo dejar bigote
para estar a la altura de la historia

Ahora que huelo a señor mayor,
ahora que huelo a gordo,
ahora que estoy amargado,
ahora que estoy orgulloso.

Sólo guardo una certeza obligada:
no seré un viejo de cuerpo roto por el trabajo
al que le roban la pensión y la cama del hospital.
Sería horrible morir sin haberse hastiado de todo,
de todas las guitarras y todos los versos
y todas las películas y todos los abrazos;

Me pasa haciendo música
lo que me pasa con la comida:
prefiero la cantidad a la calidad,
lo importante es seguir el camino
y asegurarme de estar vivo y fuerte
bebiendo el zumo del mundo
como si el mañana fuera un cuento de niños.

Procedo al parte de guerra:
Se han diezmado las calles y las fábricas,
se han decuplicado los pobres y los beneficios.
El terror de perder el curro es el terror
de perder las cadenas.
Los que viven a más distancia social de ti
son los que se pueden permitir la distancia física.

El lenguaje es un arma sin inocencia
en estos días de derrota.
Y el lenguaje es la ciénaga
en la que habéis hundido mis puños.
Habéis conseguido que quedarme en casa
mano sobre mano
sea menos lesivo que toda vuestra militancia.


Con la excusa de que los tiempos cambian
repetís los errores y mentiras de siempre.
Todo cambia para que nada cambie,
sólo queda lodo flotando en las aguas
revueltas y estancadas.
Cada línea de verdad es un gargajo
en vuestra cara,

un paso más hacia el desierto,
con la izquierda militando en causas
que financian billonarios anticomunistas,
porque la excusa de la libertad
es el eslógan de la libertad de mercado
al final de esta fábula

Tengo ya cuarenta y cinco y me esfuerzo
en no aprender más nada,
pues a la vejez se entra haciéndole un quiebro
a la infelicidad y su cornamenta desesperada.