viernes, 24 de julio de 2026

Nunca seré un hombre

Voy camino de ser anciano
y nunca seré un hombre
y menos ahora,
cuando nadie osa definirlo.
La tele y el algoritmo
nos han dado versiones
de lo que un hombre debería ser,
y supongo que en algún momento
de la suma de contradicciones
perdí el camino.
Creo que ya no basta con nacer.
Con serlo.
Con perseguir esa sombra
que guarda la violencia
en su espina dorsal.
Aquello de pretender ser roca
cuando el mundo es lava.
Y últimamente la culpa anticipada
sólo por estar, ver, hablar.
Como comprenderéis,
creo que ya no me interesa saber
si soy o no un hombre.
Ya no le veo tantas ventajas
a mear de pie.

jueves, 23 de julio de 2026

Días cerrados por falta de público adecuado

Vamos a cerrar los días por falta de uso
o por la ausencia de público adecuado,
de clientes satisfechos.
Queda clausurada la temporada de cielos
por exceso de simios y sus heces.
Tanto esfuerzo para fabricar relojes
que sólo guardan una cuenta atrás.
Millones de agendas que anotan los muertos pasados,
las guerras sucedidas, estas ciudades de ácido láctico.
Ordenadores cuánticos para confirmar
que somos una enorme mierda.
Orgullosa ante el espejo, eso sí.
Planos y arquitecturas que permiten ver lo abierto
de nuestras heridas de hemofílico.
Una fórmula química destilada con esfuerzo de siglos
para llegar a la ceniza igual.
El absurdo de una cosmonauta y su nave sonda
en viaje condenado al inicio,
atado al círculo de lo cruel que no sabemos dejar de ser.
Descansar bajo el sol azul
cuando la radiación inextinguible
termine de limpiar nuestras rótulas y cuencas, 
con los cielos bien candados por quiebra de negocio.

sábado, 18 de julio de 2026

Leo mucho por no pensar en nada

Leo mucho por no pensar en nada.
Pienso mucho para no pensar
qué hacer con lo que leo, 
como queriendo dejarlo al paso
del que venga detrás en este camino
por donde nadie viene.
Uso desodorante y así
la vida me parece posible.
En mis libretas hay diferentes trazos
y colores, diferentes tintas y tiempos,
distintos materiales,
el mismo caos confuso.
Nada es luz bajo el foco que ciega.
No tengo nada más que decir
sobre lo que ya he dicho
en mis líneas sobre la nada.

Lo cotidiano
como comprobar el correo
o la cuenta bancaria
es el infierno en la tierra
o la revelación del paraíso
dependiendo de tu lado de la barricada
en la lucha de clases.
Saberse vivo es saberse muerto.
Caigo sin paracaídas
cada mañana
al despertar,
cuando brutalmente entiendo
que la luz sólo es posible
por no hallar oposición.

jueves, 9 de julio de 2026

De tan cansado no pude ni llorar

He saltado de la poesía bajo un puente
en el páramo castellano
a un sótano en Vallecas donde recito punk
con tapones en los oidos.
Mi vida es absolutamente bipolar,
odio lo que amo y amo lo que odio.
Se acaba el mundo por exceso de silencio,
consecuencia del ruido.
Lo que nos hace humanos
es lo que nos deshumaniza,
y nada hay más humano que negar
nuestra inevitable inhumanidad.
De tan mal hechos,
somos lo que hacemos mal
y lo que no alcanzamos a hacer;
no sólo nos construye el hecho acre,
también lo que quisimos construir,
y en ello nos destruimos,
porque la idea de lo no realizado
es una derrota y una victoria,
y todo es nada y nada es todo.
Y así, ya no somos,
aunque la ausencia de recuerdo 
confirme lo que hicimos.
Me desvivo en las noches
como si este poema o algunas pinceladas
o variar el sol del acorde
fueran capaces de evitar el alba
o cambiar su rumbo.
Vivo al día y sin un futuro asegurado
y así estoy más cerca de un ratón
que de un pintor de brocha gorda soviético.
Y siendo un ratón
todavía me apeno por las rapaces:
hoy he pensado en una lechuza
y su nido en una ruina,
su silbido aterrador y pagano
en la noche sin doblez
y todo ello siendo calcinado
por un cielo pesadísimo,
químico y violento.
Y después...
Ni una pluma silenciosa,
ni la ruina de la ruina, ni sus sombras.
Y de tan cansado no pude ni llorar.





martes, 7 de julio de 2026

Qué queda sino desandar

Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.

El caminante hace camino al desandar
en este tiempo en el que la gente cree
en dioses que no creen en la gente,
en que el arte es cuestión
de beneficio, matemáticas,
algoritmo y estadística.
Una mentira repetida dos millones de veces
se convierte en una fase de datos cojonuda
para la inteligencia artificial.
Cuando el mundo cambia sus polos
a esta velocidad
nada se mueve del sitio pero todo cae
sin pausa y nada se construye.
Cómo puede ser firme un rayo
que apenas existe en el tiempo
y no tiene cuerpo alguno.
Despacio vuelan las balas,
las vemos salir de cada boca,
antes incluso de que licue el plomo…
Y ni así llegamos a esquivar
nuestro vientre horadado.

Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.

Al otro lado de la noche también
se encuentra el otro lado del día
y el otro lado de las cosas.
Tanta gente a dos carrillos
en boca inflamada con la palabra
r   e    v    o    l    u    c    i    ó    n,
y al mismo tiempo tan dispuesta
a sofocarla cuando los ángulos
se ajusten.
Es impresionante el alcance
extremadamente lejano y profundo
de la ceguera.

Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.

Las acusaciones de nostalgia
suelen darse desde la trinchera
excavada hace años por un banquero.
Desde allí no se mira atrás
ante la posibilidad pavorosa
de estar cayendo sin solución.
Han conseguido que las puertas os parezcan
paredones salpicados de balas,
que las ventanas os sean alambradas de espino,
que los caminos os aterrorizen
en vuestra silla de ruedas.
Y así, los paredones, las alambradas,
los caminos rotos,
los de verdad, 
ya no os resultan tan terribles
como su posibilidad.

Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.

Como los salmones,
a contracorriente
para morir
en el ciclo acordado
de las cosas obligadas…
Ir a contracorriente por ser
incapaz de ser sin la masa.
Ir a contracorriente
como definición vacía
en negativo.
Ir a contracorriente,
vender humo.


Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.

Decís cosas
como “coadyuvar”, “sublimación”,
“metapoiesis resiliente”...
mientras yo limpio
vuestra orina de las paredes,
recojo vuestros tampones usados del suelo,
froto vuestros brochazos marrones
adheridos con furia al inodoro;
cada día, intentando sublimar
en mi resiliencia asalariada
la miseria de mi sueldo.


Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.

domingo, 28 de junio de 2026

Vosotros dando el pésame...

Vosotros dando el pésame

por una lucha fracasada, 

yo quitándome las garrapatas

entre los cereales cuando busco

nidos de aguilucho

bajo cielos de gasolina. 

He decidido creo que por lógica,

por la gravedad de los cielos,

por lo que se escribe en libros,

vivir al filo de los días

en que los filos ya nada cortan

bajo una política de tierra quemada.

Dios es lo que se ha ido

y lo que no está.

Toda aquella palabrería

de bibliotecas políticas

y tomos de filosofía

deja de valer algo en el momento

en el que acabas en un quirófano.

Quizá no debería haber líneas rojas

en las palabras

porque ya ni encuentro

beneficio personal en ser,

no encuentro nada vivo en amaros

ojo por ojo y diente por diente.


miércoles, 24 de junio de 2026

Nuevo libro.

  

No puedo evitar mirar atrás porque nos llevan hacia atrás, de David San Martín

20,3 x 12,7 cms, 120 páginas, 8 € (envío península incluido).
Edición limitada y PUNK: no he querido corregirla antes de enviarla a imprenta y he corregido a boli cada uno de los 10 ejemplares, con tachones to guapos.
Para pillar la versión física, nos entras en un puesto o nos escribes a reflectorlibros ( en ) gmail -punto- com.

Para adquirir la versión digital: AQUÍ.

Para leerlo gratis: AQUÍ



Sobre el libro
Compilación de las 9 plaquetas (plaquettes para los gilipollas) de Ferragosto que he ido sacando cada veranico desde el 2016. Se incluye un poema inédito, "Muérete". Se acompaña de 56 ilustraciones de las que hago porque la vida está para eso.
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Sobre el autor
David San Martín escribe, compone, diseña, maqueta, graba, edita y distribuye (con conciencia de hacerlo y de por qué hacerlo) artefactos culturales desde 1991, en solitario, en bandas, en editoriales, en colectivos, en sindicatos, en sellos de música.
No lo hace especialmente bien.
Es una de esas personas que sabe que no cotizará lo suficiente para cobrar una pensión porque bajo un sistema capitalista es imprescindible un ejército de reserva de parad@s.


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Muérete, gritaron los que lloraron
mi suicidio fingido en un espejo.
Los amigos dejaron de serlo
cuando la alegría de la vida sucedida
no cubrió el dolor de la muerte
que no sucedió nunca.
Muérete, gritaron los que se sintieron culpables
y así se liberaron de toda culpa de conocerme.
Muérete, gritaron los punkis
que aprendieron en sus propias carnes
lo que era realmente transgredir.
Muérete, gritaron a izquierda y derecha,
dentro y fuera del régimen del setenta y ocho.
Las líneas rojas no eran líneas ya:
alcanzaron tres dimensiones.
Muérete por no haber muerto, gritaron
satisfechos en el orden mediático de las cosas.
Los anarkopunks que querían derribar las prisiones
y abolir la pena de muerte
pusieron precio a mi cabeza.
La Guerra de los Mundos
y los monólogos de los comediantes
seguían generando dinero y ensayos amables,
pero cuando la guerrilla de la comunicación
demostró que no hay conejo en la chistera
se abrió la caza del hombre.
En otra realidad una criatura extraña
con pelo acrílico hizo lo mismo que hice yo
y unánimemente se escuchó en las redes rotas:
“yasss, reina, diosa, dilo”.
En otra realidad paralela un humorista del régimen
repetía la jugada frente a una cadena de derechas
y tanto en las plataforma digitales de Black Rock
como en las okupas rieron al unísono
“la épica troleada del puto amo a los fachas”.
Lo importante era el ruido y la furia
en el marco establecido por el panóptico
de las redes sociales.
El movimiento político contestatario
ya no contestó nada mientras se mecía
al ritmo de las canciones en Fraggle Rock.
El circo dejó de tener gracia para muchos
y por eso el circo tuvo sentido otra vez.
Las que pasearon un coño insumiso en procesión
asumieron al fin su puritanismo sin tapujos.
Los que querían romper con todo
se sintieron rotos; no les gustó.
Muchos, satisfechos, dejaron de morderse la lengua.
Se liberó al kraken con la excusa soñada.
Quedó el cero absoluto donde se proyectaron castillos.
Tantos tatuajes “for life” fueron borrón
sin cuenta nueva en la piel.
Muérete, acaba así con esto que somos,
pensaban todos y nadie dijo nunca en alto.
Y yo no me morí: salí a los caminos,
con el aire más limpio que nunca.
Muérete, rabiaron los antisistema
al unísono con los antidisturbios.
Los cocainómanos antifascistas de rebajas
se encontraron de repente en una misma trinchera
con los cocainómanos futboleros
que se pensaban fascistas.
El mundo entero fue una pequeña,
diminuta caja de eco
donde una gran masa santurrona comulgaba
con ruedas de molino mientras
rezaba diez muéretes con una sola voz.
La minoría que quería salvar el mundo descubría
que el mundo cambiaba sin su ayuda,
y rabiaron su muérete a los cuatro vientos.
Gritaron muérete al ver que no eran emperadores
pero igual andaban desnudos.
De repente descubrieron que su brújula moral
siempre había estado desnortada,
que su balanza siempre estuvo trucada.
Que su arsenal de respuestas,
siempre agitado con orgullo satisfecho,
no daba salida a las preguntas necesarias.
Que el gato callejero que intentaban alimentar
respondía con zarpazos sucios impropios
de una película de Disney.
Y por eso pensaron muérete.
frente a otra línea roja recién descubierta,
y callaron otra vez.
La payasada superó a los payasos,
quienes me denunciaron por intrusismo laboral.
Y es que el suicidio sólo vale si el sucida nos vale.
Si es de los míos y si es de verdad.
Sólo se llora la muerte de quien no nos juzga.
Sólo se admira al Che y a Allende 
porque fueron derrotados.
Pero a Stalin hay que odiarle.
Por eso me fue entregada tras la muerte
que no fue
esta grieta insalvable.
Por eso habito esta tierra quemada
donde sólo queda ser semilla.
Por eso ya no yerro por eriales de sal
donde las bocas forman una cadena cerrada
que dicen muérete, por no decir
estamos muertos otra vez.
Qué revolucion espera quien espera 
que no le muevan el mundo.
Qué certeza material encontrará
quien se aferra a unas coordenadas de aire.
Muérete, aúllan en el silencio vacuo de las pantallas.
Muérete, susurran cobardes
los maniquíes de los escaparates,
el activismo anoréxico en las pasarelas de moda.
Muérete, por dejarnos fuera de lo que creímos ser
y ver cuán innecesarios fuimos y seremos.
Por mostrar cómo de calculadas están las rutas
de nuestro libre albedrío;
qué pantone exacto es el rojo de nuestras líneas,
el morado de nuestra indignación avergonzada;
lo barato que es el cebo
para los salmones de piscifactoría.








lunes, 11 de mayo de 2026

Soy ajeno

no sé donde moriré en una costa aún lejana
en una pradera que todavía no conozco
mientras las escombreras en las que crecí 
crecen con hambre
fuera donde muera moriré extranjero
qué triste el polvo de mariposa entre los dedos
que triste creer en algo a pesar de la belleza
y acabar con polvo entre los dedos
moriré fuera del tiempo que venga
y quizá todo se cierre por fin
de momento
no existe edificio tan alto en el mundo
del que pueda suicidarme
pero no niego que entiendo perfectamente
a quien se despide cansado de estar cansado
pues aquí todo cansa
y llega un momento en el que nos hastía
y nos agota dormir fornicar
y sobre todo pensar y ubicarnos
cuando vuelve la primavera
me pongo en tensión
el mundo no debería explotar
pero arde entre alaridos
me llaman amargado
por no consumir ruido sino producir pausas
estoy despierto más de lo que debo
y me niego a dormir
hasta que mis músculos duelen
ahí afuera están todas las curvas
las ingles y los suspiros
que sigan allí afuera que no me rentan más
que eludo el barro porque busco una guitarra
no quiero alientos ni elipsis ni afectos 
porque me sacian el odio
nunca menosprecio la fuerza
creativa del odio ni su cariño
apasionado como una granada
todo es tan rápido que abandona la materia
y ni el vértigo tiene sentido
de tan efímero lo construido se queda en boceto
sobre un futuro que no alcanza a arraigar
he vivido al día como si cada día fuera único
y ya tengo la certeza de que moriré
con los bolsillos vacíos y por ello
rico más allá de toda medida
sé que encontrarme con un escrito antiguo
que no me haga sonrojar es imposible
sé que todo el veneno que hoy escupo
es inofensivo y en todo caso solo a mí me afecta
SOY AJENO
no te aburriré con páginas de agresión estética
para dejarte en soledad a la última línea
con algo que no esperabas pero intuías
no tengo conejos en la chistera
solo puedo sentirme relajado y seguro
en lugares donde la norma social
no acepta salidas de tono extremas
y es que la revolución que empieza en uno mismo
suele terminar en uno mismo también
nunca sale al mundo
sé que ser es sólo otro embuste
de algodón dulce y niebla
esperando otro día lejos siempre
nunca con ojos abiertos
me alejo del conflicto y en un mundo
en el que lo normal es el conflicto soy anormal
ningún ciclo solar ofrece suficiente espacio
para memorizar mis propios poemas
me invita mucho plantar encinas
para los bisnietos cuando no tendré hijos
prefiero a un marxista ultraconservador
a un progre socialdemócrata
que le hace el juego a la banca sin darse cuenta
por eso no he llegado a zona de confort alguna
y aún así ya me estás echando de ella
porque allí no soy suficientemente rentable
según envejezco voy tomándole más gusto al vino
pues cada vez se encuentra más retirado
del viernes del sábado y del domingo
todas las noches cada noche es realmente cruel
los gritos los gritos de dolor me impiden dormir
me impiden descansar me impiden mirar a un horizonte
todas las noches caen los recuerdos
entre los desgarros de este presente de sangre
toda la vida compitiendo por ser el que menos dormía
la última ventana en apagarse en las madrugadas
e incluso saludar el alba pensando en esa huida
adelantarme al mundo o exprimirlo al máximo
y de repente un día me dormí con el sol
el sol que se fue y desperté antes de que volviera
y allí estaba el día y todo se dio la vuelta
porque nada cambió ni fue diferente
y por todo ello y en concreto por nada
no sé donde moriré cuando todo lo veo tan muerto

viernes, 3 de abril de 2026

Los moralistas confusos

No me dejasteis presentar mi libro,
porque mis libros no pagan putas ni guerras
ni dan casa a los que vienen en patera
para que os sintáis buenas personas.
La solidaridad del algoritmo,
programada y bífida,
se cobra una alta tasa
de daños colaterales.
Vaciáis con urnas países de gente
tras pasarles un rodillo de fuego
y me escupís cuando maldigo
la tierra quemada que pagáis con gusto.
Os están robando las calles
y han conseguido finalmente
que os sintáis culpables por ello.
Todo anda boca abajo y hacia atrás.
Recordáis lo que nunca ocurrió,
pronosticais lo que nunca ha ocurrido
y esperáis a que venga lo que ya está aquí,
y cuyo nombre olvidasteis por miedo
a la posibilidad de ser voz discordante,
una voz de curso diferente, desafinada.
No podéis resolver vuestras grietas,
únicas y de nadie más,
y decidís con furia despechada
cambiarnos la historia a todos.
Estudiando las pequeñas fracturas del azulejo,
puede que alabando su belleza casual
pero matemática:
así se nos está cayendo la casa encima.
Todavía no he matado a nadie,
decís bromeando
con el tenedor goteando sangre,
fantaseando además en vuestro rencor.
Habláis de la luz
y de una ausencia de límites,
y lo hacéis con la esperanza confusa
de que las palabras basten
para derribar la celda
desde la que protestáis tan cómodamente.
Los gritos suenan más fuertes
cuanto más pequeños son sus muros.
Siempre dispuestos a romper
la lógica de las escaleras
y colgar los espejos cabeza abajo.
Siempre en el lado incorrecto de la historia,
en la quinta columna desnortada.




sábado, 14 de marzo de 2026

No aspiro a vivirlo todo

No aspiro a vivirlo todo

porque en estas paredes no hay eco.

Para qué meterme en lo profundo

si apenas me queda espalda

para tanta carga y tan poco tiempo.

Ser un hombre es un espacio enorme

donde sólo proyecto una sombra ridícula.

Sólo estoy, sólo soy,

sólo en este lugar inmenso donde resuena

la idea de ser hombre.


sábado, 7 de marzo de 2026

Llevo una pala en el coche siempre

Llevo una pala en el coche siempre,
con la que retiro del asfalto
en carreteras secundarias
animales reventados
por exceso de civilización.
Por eso me resulta tan fácil
apartar de mi camino
tantas cosas que mueren.
Sólo este mes he retirado
un zorro, tres liebres, un tejón.
Qué carnicería.
Me pongo cada vez el chaleco
para ser visto por los imbéciles
que no ven mas allá
de su carrocería,
que sólo ven su pedal
y que llegan tarde siempre
a todo en la vida:
las cosas del retraso.
Aparto el coche en un sembrado,
camino por el arcén
si la cuneta está embarrada.
Llego al dibujo partido
del pobre animal roto,
como este mundo roto,
con una mueca grotesca
en lo que fuera un rostro,
la mueca de un presidente
impreso en un billete o moneda.
A veces me dan arcadas
cuando introduzco
bajo el cuerpecillo desconyuntado
la pala y me acuerdo de la mermelada
que unté en el pan en la mañana,
hace una eternidad.
Me endurezco y nervudo catapulto
una carcasa desastrada
por encima de un vallado,
o lejos a los surcos,
donde no haya un nuevo riesgo
de absurdo y sangre,
donde un ratonero o un buitre
estén a salvo,
donde no deba volver a bajarme
del coche armado con una pala
otra vez, y otra vez volver
a odiaros tanto
al levantar un cadáver inocente
del alquitrán culpable.





viernes, 6 de marzo de 2026

Abrieron las puertas

Abrieron las puertas
de par en par al mundo,
y el mundo entró en tromba:
con sus campos de concentración,
su napalm, su pederastia
y sus dioses barbudos
de espada enrojecida.
Desde cuándo el mundo
es la primavera…
La esquizofrenia
de lamentar bombardeos
cuando votaron qué misil comprar,
a sabiendas, o peor aún:
sin saber, a ciegas.
Cuánto más escupieron
su culpa a los otros
más cubiertos de saliva quedaron.
Abrieron las puertas al invierno
y no entendieron el frío.

jueves, 5 de marzo de 2026

Vínculos

Qué grandes y fáciles son los vínculos
con lo que ya no existe.
Todos los vínculos son centrípetos
y concéntricos, todo es una noche.
La noche no es aire, vapor, piel:
es un adoquín contra mis cristales.
No cae la noche, se me cae,
estalla en pedazos
cada vez más azafranados.
La noche y los recuerdos son fuertes
como el hierro condenado al óxido
y la descomposición.
Con un hilo de voz se ha tejido
todo esto que me vincula.
Cuando me aseguras al oído
que todo irá bien
confirmas dos cosas: que todo
se ha torcido y que estás
demasiado cerca.
Me dices que hay algo
más allá de lo que vemos
pero así afirmas lo contrario:
si algo precisa del verbo para tomar forma,
sólo existe en las palabras, que son viento,
que al nacer mueren perdiendo lo que guardan.
Da risa creer que la escritura es resistencia.
Como si la escritura previamente
no conformara el mundo a resistir.
Los vasos son celdas que retienen líquidos,
depósitos para lo que venga:
no pueden ser comunicantes.
La ruptura es inevitable,
y de ella algunos construyen políticas,
teorías, grandes gestos de liberación,
una bandera, un sentido de vida.
Para mí la urdimbre de los días
que construye sin academias
es la grieta, la brecha y su distancia.
Es es el vínculo que escojo,
el que se rompe al completarse
y se completa al romperse.




miércoles, 4 de marzo de 2026

La carga emocional de los números

Dicen que los números son fríos
y rectos, exactos.
Pero dime de esa borrasca
que determinado número de teléfono
todavía despierta en tus noches.
Dime de esa tristeza al recordar
el número del portal donde creciste,
dime del pasar lista hasta alcanzar
los treinta y cinco alumnos
hace ya cuarenta años,
lo que el año dos mil producía
por mil novecientos ochenta y cuatro
en nuestras mentes infantiles,
el diez imposible de tocar
en determinada asignatura,
los veinte años buenos
que con suerte nos quedan.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Cabronías XXXVI

Todos vivimos en nuestro propio mundo,
y todos ellos son propiedad privada
que rentamos a precio de oro.


Mi cuarto es un espacio enorme, cósmico
cuyos límites nunca alcanzaré,
donde mi voz se pierde en eco infinito.
Y me pides que salga a la calle…


Hoy la tele nos ha dicho
a qué activista llorar
y en qué medida indignarnos.
Otra vez.


“Sexo, drogas y rock’n roll”:
pasillo cuatro,
grandes descuentos,
aproveche la oferta.


Conrad no escuchó bien las últimas palabras de Kurtz:
“El amor….  el amor….”


No me arrepiento de ajusticiar al asesino
con mi silencio que lo remata,
no es mi problema si el asesino no acepta
el resultado inevitable de su propia aritmética.


Contra toda lógica y faltando al respeto
a la física más básica hay quién pretende
que la equidistancia sea
el punto más cercano a algo.


Se nos cae la casa encima sin remedio
porque sólo entendemos el mundo
como un habitar y no como un combate.


Os dejasteis treinta monedas de plata
para mataros a fondo en la noche del sábado
y yo por menos cabalgo montañas blancas
la mañana del lunes.


Levantar la vista de la pantalla
para descubrirse en otra pantalla.
Llevar todo un todo en el bolsillo
y no aprender nada.


Uno de los grandes triunfos del capital:
hacer pasar sus heridas
por procesos biológicos,
naturales y dialécticos.


La normalidad que crea
y permite las hambrunas
ya asoma en el niño:
los padres,
Openheimers de barrio degradado,
le ríen las gracias.
La reacción en cadena
empieza en tu calle.

lunes, 5 de enero de 2026

2026: POR TODO ESTO ME ALEJO

Nos pensamos a contracorriente
cuando más rebaño fuimos y supe
que habíamos perdido la guerra.
Los grandes gestos
sólo cubren pequeñas miserias.
Pasan los días rápidos,
pasan los días lentos;
lentos porque no terminan de dar fruto,
rápidos porque nunca vuelven.
Ya no aprecio los sueños
—y menos a los soñadores—
por ser la pataleta última
de quien busca un dios y anhela
un profeta, esperando
que las matemáticas sean soñadas.
Prefiero las cosas porque sí.
Soñar con la revolución
es firmar su sentencia de muerte.
¿Dónde encontrar 
en este inicio de vejez un lugar
en que el hombre no salpique más,
al menos no tanto?
La existencia del genocida pasa
a justificar en justa medida
un nuevo genocidio.
En Navidades el ruido no hace
sino crecer y así parece
que la furia mengua.
Los tentáculos y sus eslabones
no se dejan ver pero ahí están,
digitales y cada vez
más bajo nuestra piel.
No hay empresa cosmética capaz
de tapar las miserias
de esto tan desollado.
Todo está tan oscuro
por esta transparencia.
Todos somos los últimos habitantes
de este tiempo. 
Nos hallamos entre Escila y Caribdis
pero sin Ítaca a la que volver.
Qué sentido tiene conquistar nada
que no esté ya contigo.
Por qué aprobar un acto de guerra
cuando la distancia es un manifiesto.
No dejo la figura en primera línea
de combate donde hay sombra
y nada más.
En su lugar es inevitable abandonar
allí la memoria, la voluntad,
lo que se ha querido,
por lo que se apostó,
lo quisimos o creímos amar…
Y por supuesto todas las veces
que me cagué de miedo.
Ya no me hace gracia alguna
este ordenar los estantes
justo antes de impactar
la onda expansiva.
Los platos sucios
como paredón o condena,
el girar y el tiempo sin objeto.
Puede que sea un poema,
pero nada poético hay 
en lo cotidiano per se.
He dejado de buscar:
se busca lo que no se encuentra.
Lo más absurdo
de lo que pretendemos trascendente
es un lugar lleno de locos,
saturado de grafómanos
y gentes perdidas
en reflejos de charcos.
Y todo ello se vende
como solución o coartada.
No sé qué ser:
corcho, islote, alga, arena en el fondo
cuando llegue el temporal
que se barrunta.
Hemos olvidado todo
para así tener una excusa.
Opto por hacer feroces canciones punk
gritando porque la calma
de este cementerio me aterra .
El juego de espejos ha sucedido
a la lucha de clases
y así andamos, con vértigo,
mareados.
La supervivencia como exención
para una condena de total conformidad.
Cuando todo cambia para que nada cambie
la nostalgia de la luz es un deber
y no un tropiezo.
Construimos una identidad transgresora
a base de fragmentos indultados por inocuos.
Así aullamos bajo la normativa de turno.
¿Acaso queda alguien
que se pueda encontrar a sí mismo
sin la correspondiente tarifa de datos?
Qué plenitud haberos expulsado
a todos de mis páginas todas,
qué certeza de vía láctea en verano,
qué totalidad de cumbre
cuando la ventisca de alfileres blancos,
qué solución absoluta como el sonido
de un río que rompe lejos de las ciudades.
No merece la pena volver
a buscar el libro perdido
si el viaje escribe sus propias líneas.
Así, la pérdida es una ganancia.
Así, la vida humana no es sagrada.
Cómo va a ser sagrado algo
que aun condenado a morir
va matando en su cabotaje.
Ningún recién nacido es deseado.
Es la madre quien desea algo imposible,
y sólo encuentra un pálido placebo
al cabo de nueve meses.
Hemos construido civilizaciones
persiguiendo un rayo de luna.
Y sigue girando la noria
con sus cubos de flema y sangre.