miércoles, 24 de junio de 2026

Nuevo libro.

  

No puedo evitar mirar atrás porque nos llevan hacia atrás, de David San Martín

20,3 x 12,7 cms, 120 páginas, 8 € (envío península incluido).
Edición limitada y PUNK: no he querido corregirla antes de enviarla a imprenta y he corregido a boli cada uno de los 10 ejemplares, con tachones to guapos.
Para pillar la versión física, nos entras en un puesto o nos escribes a reflectorlibros ( en ) gmail -punto- com.

Para adquirir la versión digital: AQUÍ.

Para leerlo gratis: AQUÍ



Sobre el libro
Compilación de las 9 plaquetas (plaquettes para los gilipollas) de Ferragosto que he ido sacando cada veranico desde el 2016. Se incluye un poema inédito, "Muérete". Se acompaña de 56 ilustraciones de las que hago porque la vida está para eso.
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Sobre el autor
David San Martín escribe, compone, diseña, maqueta, graba, edita y distribuye (con conciencia de hacerlo y de por qué hacerlo) artefactos culturales desde 1991, en solitario, en bandas, en editoriales, en colectivos, en sindicatos, en sellos de música.
No lo hace especialmente bien.
Es una de esas personas que sabe que no cotizará lo suficiente para cobrar una pensión porque bajo un sistema capitalista es imprescindible un ejército de reserva de parad@s.


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Muérete, gritaron los que lloraron
mi suicidio fingido en un espejo.
Los amigos dejaron de serlo
cuando la alegría de la vida sucedida
no cubrió el dolor de la muerte
que no sucedió nunca.
Muérete, gritaron los que se sintieron culpables
y así se liberaron de toda culpa de conocerme.
Muérete, gritaron los punkis
que aprendieron en sus propias carnes
lo que era realmente transgredir.
Muérete, gritaron a izquierda y derecha,
dentro y fuera del régimen del setenta y ocho.
Las líneas rojas no eran líneas ya:
alcanzaron tres dimensiones.
Muérete por no haber muerto, gritaron
satisfechos en el orden mediático de las cosas.
Los anarkopunks que querían derribar las prisiones
y abolir la pena de muerte
pusieron precio a mi cabeza.
La Guerra de los Mundos
y los monólogos de los comediantes
seguían generando dinero y ensayos amables,
pero cuando la guerrilla de la comunicación
demostró que no hay conejo en la chistera
se abrió la caza del hombre.
En otra realidad una criatura extraña
con pelo acrílico hizo lo mismo que hice yo
y unánimemente se escuchó en las redes rotas:
“yasss, reina, diosa, dilo”.
En otra realidad paralela un humorista del régimen
repetía la jugada frente a una cadena de derechas
y tanto en las plataforma digitales de Black Rock
como en las okupas rieron al unísono
“la épica troleada del puto amo a los fachas”.
Lo importante era el ruido y la furia
en el marco establecido por el panóptico
de las redes sociales.
El movimiento político contestatario
ya no contestó nada mientras se mecía
al ritmo de las canciones en Fraggle Rock.
El circo dejó de tener gracia para muchos
y por eso el circo tuvo sentido otra vez.
Las que pasearon un coño insumiso en procesión
asumieron al fin su puritanismo sin tapujos.
Los que querían romper con todo
se sintieron rotos; no les gustó.
Muchos, satisfechos, dejaron de morderse la lengua.
Se liberó al kraken con la excusa soñada.
Quedó el cero absoluto donde se proyectaron castillos.
Tantos tatuajes “for life” fueron borrón
sin cuenta nueva en la piel.
Muérete, acaba así con esto que somos,
pensaban todos y nadie dijo nunca en alto.
Y yo no me morí: salí a los caminos,
con el aire más limpio que nunca.
Muérete, rabiaron los antisistema
al unísono con los antidisturbios.
Los cocainómanos antifascistas de rebajas
se encontraron de repente en una misma trinchera
con los cocainómanos futboleros
que se pensaban fascistas.
El mundo entero fue una pequeña,
diminuta caja de eco
donde una gran masa santurrona comulgaba
con ruedas de molino mientras
rezaba diez muéretes con una sola voz.
La minoría que quería salvar el mundo descubría
que el mundo cambiaba sin su ayuda,
y rabiaron su muérete a los cuatro vientos.
Gritaron muérete al ver que no eran emperadores
pero igual andaban desnudos.
De repente descubrieron que su brújula moral
siempre había estado desnortada,
que su balanza siempre estuvo trucada.
Que su arsenal de respuestas,
siempre agitado con orgullo satisfecho,
no daba salida a las preguntas necesarias.
Que el gato callejero que intentaban alimentar
respondía con zarpazos sucios impropios
de una película de Disney.
Y por eso pensaron muérete.
frente a otra línea roja recién descubierta,
y callaron otra vez.
La payasada superó a los payasos,
quienes me denunciaron por intrusismo laboral.
Y es que el suicidio sólo vale si el sucida nos vale.
Si es de los míos y si es de verdad.
Sólo se llora la muerte de quien no nos juzga.
Sólo se admira al Che y a Allende 
porque fueron derrotados.
Pero a Stalin hay que odiarle.
Por eso me fue entregada tras la muerte
que no fue
esta grieta insalvable.
Por eso habito esta tierra quemada
donde sólo queda ser semilla.
Por eso ya no yerro por eriales de sal
donde las bocas forman una cadena cerrada
que dicen muérete, por no decir
estamos muertos otra vez.
Qué revolucion espera quien espera 
que no le muevan el mundo.
Qué certeza material encontrará
quien se aferra a unas coordenadas de aire.
Muérete, aúllan en el silencio vacuo de las pantallas.
Muérete, susurran cobardes
los maniquíes de los escaparates,
el activismo anoréxico en las pasarelas de moda.
Muérete, por dejarnos fuera de lo que creímos ser
y ver cuán innecesarios fuimos y seremos.
Por mostrar cómo de calculadas están las rutas
de nuestro libre albedrío;
qué pantone exacto es el rojo de nuestras líneas,
el morado de nuestra indignación avergonzada;
lo barato que es el cebo
para los salmones de piscifactoría.








lunes, 11 de mayo de 2026

Soy ajeno

no sé donde moriré en una costa aún lejana
en una pradera que todavía no conozco
mientras las escombreras en las que crecí 
crecen con hambre
fuera donde muera moriré extranjero
qué triste el polvo de mariposa entre los dedos
que triste creer en algo a pesar de la belleza
y acabar con polvo entre los dedos
moriré fuera del tiempo que venga
y quizá todo se cierre por fin
de momento
no existe edificio tan alto en el mundo
del que pueda suicidarme
pero no niego que entiendo perfectamente
a quien se despide cansado de estar cansado
pues aquí todo cansa
y llega un momento en el que nos hastía
y nos agota dormir fornicar
y sobre todo pensar y ubicarnos
cuando vuelve la primavera
me pongo en tensión
el mundo no debería explotar
pero arde entre alaridos
me llaman amargado
por no consumir ruido sino producir pausas
estoy despierto más de lo que debo
y me niego a dormir
hasta que mis músculos duelen
ahí afuera están todas las curvas
las ingles y los suspiros
que sigan allí afuera que no me rentan más
que eludo el barro porque busco una guitarra
no quiero alientos ni elipsis ni afectos 
porque me sacian el odio
nunca menosprecio la fuerza
creativa del odio ni su cariño
apasionado como una granada
todo es tan rápido que abandona la materia
y ni el vértigo tiene sentido
de tan efímero lo construido se queda en boceto
sobre un futuro que no alcanza a arraigar
he vivido al día como si cada día fuera único
y ya tengo la certeza de que moriré
con los bolsillos vacíos y por ello
rico más allá de toda medida
sé que encontrarme con un escrito antiguo
que no me haga sonrojar es imposible
sé que todo el veneno que hoy escupo
es inofensivo y en todo caso solo a mí me afecta
SOY AJENO
no te aburriré con páginas de agresión estética
para dejarte en soledad a la última línea
con algo que no esperabas pero intuías
no tengo conejos en la chistera
solo puedo sentirme relajado y seguro
en lugares donde la norma social
no acepta salidas de tono extremas
y es que la revolución que empieza en uno mismo
suele terminar en uno mismo también
nunca sale al mundo
sé que ser es sólo otro embuste
de algodón dulce y niebla
esperando otro día lejos siempre
nunca con ojos abiertos
me alejo del conflicto y en un mundo
en el que lo normal es el conflicto soy anormal
ningún ciclo solar ofrece suficiente espacio
para memorizar mis propios poemas
me invita mucho plantar encinas
para los bisnietos cuando no tendré hijos
prefiero a un marxista ultraconservador
a un progre socialdemócrata
que le hace el juego a la banca sin darse cuenta
por eso no he llegado a zona de confort alguna
y aún así ya me estás echando de ella
porque allí no soy suficientemente rentable
según envejezco voy tomándole más gusto al vino
pues cada vez se encuentra más retirado
del viernes del sábado y del domingo
todas las noches cada noche es realmente cruel
los gritos los gritos de dolor me impiden dormir
me impiden descansar me impiden mirar a un horizonte
todas las noches caen los recuerdos
entre los desgarros de este presente de sangre
toda la vida compitiendo por ser el que menos dormía
la última ventana en apagarse en las madrugadas
e incluso saludar el alba pensando en esa huida
adelantarme al mundo o exprimirlo al máximo
y de repente un día me dormí con el sol
el sol que se fue y desperté antes de que volviera
y allí estaba el día y todo se dio la vuelta
porque nada cambió ni fue diferente
y por todo ello y en concreto por nada
no sé donde moriré cuando todo lo veo tan muerto

viernes, 3 de abril de 2026

Los moralistas confusos

No me dejasteis presentar mi libro,
porque mis libros no pagan putas ni guerras
ni dan casa a los que vienen en patera
para que os sintáis buenas personas.
La solidaridad del algoritmo,
programada y bífida,
se cobra una alta tasa
de daños colaterales.
Vaciáis con urnas países de gente
tras pasarles un rodillo de fuego
y me escupís cuando maldigo
la tierra quemada que pagáis con gusto.
Os están robando las calles
y han conseguido finalmente
que os sintáis culpables por ello.
Todo anda boca abajo y hacia atrás.
Recordáis lo que nunca ocurrió,
pronosticais lo que nunca ha ocurrido
y esperáis a que venga lo que ya está aquí,
y cuyo nombre olvidasteis por miedo
a la posibilidad de ser voz discordante,
una voz de curso diferente, desafinada.
No podéis resolver vuestras grietas,
únicas y de nadie más,
y decidís con furia despechada
cambiarnos la historia a todos.
Estudiando las pequeñas fracturas del azulejo,
puede que alabando su belleza casual
pero matemática:
así se nos está cayendo la casa encima.
Todavía no he matado a nadie,
decís bromeando
con el tenedor goteando sangre,
fantaseando además en vuestro rencor.
Habláis de la luz
y de una ausencia de límites,
y lo hacéis con la esperanza confusa
de que las palabras basten
para derribar la celda
desde la que protestáis tan cómodamente.
Los gritos suenan más fuertes
cuanto más pequeños son sus muros.
Siempre dispuestos a romper
la lógica de las escaleras
y colgar los espejos cabeza abajo.
Siempre en el lado incorrecto de la historia,
en la quinta columna desnortada.




sábado, 14 de marzo de 2026

No aspiro a vivirlo todo

No aspiro a vivirlo todo

porque en estas paredes no hay eco.

Para qué meterme en lo profundo

si apenas me queda espalda

para tanta carga y tan poco tiempo.

Ser un hombre es un espacio enorme

donde sólo proyecto una sombra ridícula.

Sólo estoy, sólo soy,

sólo en este lugar inmenso donde resuena

la idea de ser hombre.


sábado, 7 de marzo de 2026

Llevo una pala en el coche siempre

Llevo una pala en el coche siempre,
con la que retiro del asfalto
en carreteras secundarias
animales reventados
por exceso de civilización.
Por eso me resulta tan fácil
apartar de mi camino
tantas cosas que mueren.
Sólo este mes he retirado
un zorro, tres liebres, un tejón.
Qué carnicería.
Me pongo cada vez el chaleco
para ser visto por los imbéciles
que no ven mas allá
de su carrocería,
que sólo ven su pedal
y que llegan tarde siempre
a todo en la vida:
las cosas del retraso.
Aparto el coche en un sembrado,
camino por el arcén
si la cuneta está embarrada.
Llego al dibujo partido
del pobre animal roto,
como este mundo roto,
con una mueca grotesca
en lo que fuera un rostro,
la mueca de un presidente
impreso en un billete o moneda.
A veces me dan arcadas
cuando introduzco
bajo el cuerpecillo desconyuntado
la pala y me acuerdo de la mermelada
que unté en el pan en la mañana,
hace una eternidad.
Me endurezco y nervudo catapulto
una carcasa desastrada
por encima de un vallado,
o lejos a los surcos,
donde no haya un nuevo riesgo
de absurdo y sangre,
donde un ratonero o un buitre
estén a salvo,
donde no deba volver a bajarme
del coche armado con una pala
otra vez, y otra vez volver
a odiaros tanto
al levantar un cadáver inocente
del alquitrán culpable.





viernes, 6 de marzo de 2026

Abrieron las puertas

Abrieron las puertas
de par en par al mundo,
y el mundo entró en tromba:
con sus campos de concentración,
su napalm, su pederastia
y sus dioses barbudos
de espada enrojecida.
Desde cuándo el mundo
es la primavera…
La esquizofrenia
de lamentar bombardeos
cuando votaron qué misil comprar,
a sabiendas, o peor aún:
sin saber, a ciegas.
Cuánto más escupieron
su culpa a los otros
más cubiertos de saliva quedaron.
Abrieron las puertas al invierno
y no entendieron el frío.