Todos vivimos en nuestro propio mundo,
y todos ellos son propiedad privada
que rentamos a precio de oro.
Mi cuarto es un espacio enorme, cósmico
cuyos límites nunca alcanzaré,
donde mi voz se pierde en eco infinito.
Y me pides que salga a la calle…
Hoy la tele nos ha dicho
a qué activista llorar
y en qué medida indignarnos.
Otra vez.
“Sexo, drogas y rock’n roll”:
pasillo cuatro,
grandes descuentos,
aproveche la oferta.
Conrad no escuchó bien las últimas palabras de Kurtz:
“El amor…. el amor….”
No me arrepiento de ajusticiar al asesino
con mi silencio que lo remata,
no es mi problema si el asesino no acepta
el resultado inevitable de su propia aritmética.
Contra toda lógica y faltando al respeto
a la física más básica hay quién pretende
que la equidistancia sea
el punto más cercano a algo.
Se nos cae la casa encima sin remedio
porque sólo entendemos el mundo
como un habitar y no como un combate.
Os dejasteis treinta monedas de plata
para mataros a fondo en la noche del sábado
y yo por menos cabalgo montañas blancas
la mañana del lunes.
Levantar la vista de la pantalla
para descubrirse en otra pantalla.
Llevar todo un todo en el bolsillo
y no aprender nada.
Uno de los grandes triunfos del capital:
hacer pasar sus heridas
por procesos biológicos,
naturales y dialécticos.
La normalidad que crea
y permite las hambrunas
ya asoma en el niño:
los padres,
Openheimers de barrio degradado.
le ríen las gracias.
La reacción en cadena
empieza en tu calle
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