He saltado de la poesía bajo un puente
en el páramo castellano
a un sótano en Vallecas donde recito punk
con tapones en los oidos.
Mi vida es absolutamente bipolar,
odio lo que amo y amo lo que odio.
Se acaba el mundo por exceso de silencio,
consecuencia del ruido.
Lo que nos hace humanos
es lo que nos deshumaniza,
y nada hay más humano que negar
nuestra inevitable inhumanidad.
De tan mal hechos,
somos lo que hacemos mal
y lo que no alcanzamos a hacer;
no sólo nos construye el hecho acre,
también lo que quisimos construir,
y en ello nos destruimos,
porque la idea de lo no realizado
es una derrota y una victoria,
y todo es nada y nada es todo.
Me desvivo en las noches
como si este poema o algunas pinceladas
o variar el sol del acorde
fueran capaces de evitar el alba
o cambiar su rumbo.
Vivo al día y sin un futuro asegurado
y así estoy más cerca de un ratón
que de un pintor de brocha gorda soviético.
Y siendo un ratón
todavía me apeno por las rapaces:
hoy he pensado en una lechuza
y su nido en una ruina,
su silbido aterrador y pagano
en la noche sin doblez
y todo ello siendo calcinado
por un cielo pesadísimo,
químico y violento.
Y después...
Ni una pluma silenciosa,
ni la ruina de la ruina, ni sus sombras.
Y de tan cansado no pude ni llorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario