Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.
El caminante hace camino al desandar
en este tiempo en el que la gente cree
en dioses que no creen en la gente,
en que el arte es cuestión
de beneficio, matemáticas,
algoritmo y estadística.
Una mentira repetida dos millones de veces
se convierte en una fase de datos cojonuda
para la inteligencia artificial.
Cuando el mundo cambia sus polos
a esta velocidad
nada se mueve del sitio pero todo cae
sin pausa y nada se construye.
Cómo puede ser firme un rayo
que apenas existe en el tiempo
y no tiene cuerpo alguno.
Despacio vuelan las balas,
las vemos salir de cada boca,
antes incluso de que licue el plomo…
Y ni así llegamos a esquivar
nuestro vientre horadado.
Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.
Al otro lado de la noche también
se encuentra el otro lado del día
y el otro lado de las cosas.
Tanta gente a dos carrillos
en boca inflamada con la palabra
r e v o l u c i ó n,
y al mismo tiempo tan dispuesta
a sofocarla cuando los ángulos
se ajusten.
Es impresionante el alcance
extremadamente lejano y profundo
de la ceguera.
Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.
Las acusaciones de nostalgia
Las acusaciones de nostalgia
suelen darse desde la trinchera
excavada hace años por un banquero.
Desde allí no se mira atrás
ante la posibilidad pavorosa
de estar cayendo sin solución.
Han conseguido que las puertas os parezcan
paredones salpicados de balas,
que las ventanas os sean alambradas de espino,
que los caminos os aterrorizen
en vuestra silla de ruedas.
Y así, los paredones, las alambradas,
los caminos rotos,
los de verdad,
ya no os resultan tan terribles
como su posibilidad.
Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.
Como los salmones,
a contracorriente
para morir
en el ciclo acordado
de las cosas obligadas…
Ir a contracorriente por ser
incapaz de ser sin la masa.
Ir a contracorriente
como definición vacía
en negativo.
Ir a contracorriente,
vender humo.
Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.
Decís cosas
como “coadyuvar”, “sublimación”,
“metapoiesis resiliente”...
mientras yo limpio
vuestra orina de las paredes,
recojo vuestros tampones usados del suelo,
froto vuestros brochazos marrones
adheridos con furia al inodoro;
cada día, intentando sublimar
en mi resiliencia asalariada
la miseria de mi sueldo.
Qué queda sino desandar
para avanzar
cuando vivimos perdidos.
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