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sábado, 18 de abril de 2020

Bajo los LED la luz en las olas

Llega la primavera y estallan
los cristales de la madrugada.
Quién puede dormir
cuando el mundo vuela en astillas,
cuando el orbe se parte en espejismos,
quedándose ronco
en los últimos rincones
de la noche.
Irse a dormir en tiempo de pandemia
cuando los pájaros ya cantan.
En la herida abierta de la noche
nos derramamos,
como errores de borracho
que se enfada rutinariamente
con el mundo.
Un mundo donde el escorzo es la línea,
donde la anormalidad es el molde
en el que mueren nuestros átomos
y la curva quebrada conforma la recta.
En la noche se alejan los tiempos.
Qué lejos quedan todos
los años y qué poco
sé de nada ahora,
cuando las gentes que vinieron,
van pasando al olvido y de repente
se van, del todo.
Aferrado al café en esta tormenta
que en las madrugadas castiga mi cuarto,
buscando bajo los led s la luz en las olas,
partiéndonos la boca en las palabras
que nos impiden dormir sin problemas.


¿Queréis que mueran vuestros viejos?

Horarios rotos como un recuerdo
y el día que tropieza pasando turbio,
como una borrasca de un mal sueño.
Cuando salgamos de esta celda
estamos obligados a soñar llaves
y forjar cuchillos sin falta en su filo.
Hemos experimentado un régimen FIES
bajo en calorías y sin torturas.

Me siento afortunado
pues solo tengo problemas de sueño
aunque mi economía esté sumergida
y mi futuro no tenga color.

Espero todavía el anuncio entre pompas
de un referéndum sin trabas:
“¿queréis que mueran vuestros viejos?”.

Entre donaciones de asesinos
y las vergüenzas exhibidas en ventanas
un ave de muerte traslúcida decora
los gritos de tus vecinas,

porque nuestros días son una bóveda
que ya no vaporiza mete oritos.

Alguien ha descubierto que en casa es infeliz
y que en el trabajo al menos no piensa.
Tiemblan así los pilares de cada día
cuando la esfera del reloj ya no sabe
esconder más las mentiras.
“Para qué” es la pregunta
es la herida y el cañón
apuntando con sorna a la sien.



miércoles, 15 de abril de 2020

Lobos en autopistas

Hoy se trabaja. 
Hay ruido de motores en la calle.
Los pájaros han callado.
La normalidad nos enferma.


Los días cambian su ritmo
y las sombras se retrasan.
Las calles ahora son ríos,
de aguas limpias pero bravas.


Ha variado incluso el viento,
ya no sopla en tus palabras;
hay lobos en autopistas:
las quisieran ver cerradas.

Qué lejos parece el mundo
y qué absurdas las mañanas,
que enemigas de la vida
las banderas en ventanas.


Sus fronteras no han servido
ni sus tanques ni sus armas
ciertas vendas han caido
algún puño se levanta.