martes, 14 de enero de 2020

La tristeza del amanecer cada uno de enero

La tristeza del amanecer cada uno de enero,
bajo las normas del ladrón y el asesino.
Para quien roba es ley de vida el robo;
para quien mata es ley de vida el disparo;
para quien calla y traga, es ley de vida
alimentarse de gargajos.
Para todos ellos eres un criminal
por guardar, siquiera con cariño,
una pequeña duda.

La tristeza del nuevo año,
pena orbitada alrededor de una estrella.
Me parece que pierdo el tiempo
cada vez que salgo fuera de casa.
Amanezco entre ruinas de gente
huyendo de sí misma…
Gentes vomitándose en la quimera de un comienzo,
en la ilusión de un camino nuevo,
cuando simplemente giran una vez más
sin abandonar su nicho.
Nace el año y nace muerto.
Un principio siempre nos lleva a un final.

Pienso en cuando el camino acabe.

He hecho todo lo que es bueno:
he plantado muchos árboles;
he escrito algún libro
y publicado muchos más.
Y no he traído otra boca cruel
a este planeta hundido.

Girar el mundo
y comenzar a perder la memoria
al tiempo que brotan pelos
                terribles
en las orejas.
Adiós a las palabras
que de no usarlas se olvidan;
y de usarlas demasiado
ya no funcionan.

Voy desnudo en la noche,
desnudo y con gafas:
así no tengo tanto frío.
Ya hablo solo por la calle,
por las habitaciones,
intentando ahogar con mi voz
las palabras de odio del mundo.

El mundo gira y cada uno de enero
se convierte en piedra,
pateada por error,
tropiezo eterno.



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