lunes, 5 de enero de 2026

2026: POR TODO ESTO ME ALEJO

Nos pensamos a contracorriente
cuando más rebaño fuimos y supe
que habíamos perdido la guerra.
Los grandes gestos
sólo cubren pequeñas miserias.
Pasan los días rápidos,
pasan los días lentos;
lentos porque no terminan de dar fruto,
rápidos porque nunca vuelven.
Ya no aprecio los sueños
—y menos a los soñadores—
por ser la pataleta última
de quien busca un dios y anhela
un profeta, esperando
que las matemáticas sean soñadas.
Prefiero las cosas porque sí.
Soñar con la revolución
es firmar su sentencia de muerte.
¿Dónde encontrar 
en este inicio de vejez un lugar
en que el hombre no salpique más,
al menos no tanto?
La existencia del genocida pasa
a justificar en justa medida
un nuevo genocidio.
En Navidades el ruido no hace
sino crecer y así parece
que la furia mengua.
Los tentáculos y sus eslabones
no se dejan ver pero ahí están,
digitales y cada vez
más bajo nuestra piel.
No hay empresa cosmética capaz
de tapar las miserias
de esto tan desollado.
Todo está tan oscuro
por esta transparencia.
Todos somos los últimos habitantes
de este tiempo. 
Nos hallamos entre Escila y Caribdis
pero sin Ítaca a la que volver.
Qué sentido tiene conquistar nada
que no esté ya contigo.
Por qué aprobar un acto de guerra
cuando la distancia es un manifiesto.
No dejo la figura en primera línea
de combate donde hay sombra
y nada más.
En su lugar es inevitable abandonar
allí la memoria, la voluntad,
lo que se ha querido,
por lo que se apostó,
lo quisimos o creímos amar…
Y por supuesto todas las veces
que me cagué de miedo.
Ya no me hace gracia alguna
este ordenar los estantes
justo antes de impactar
la onda expansiva.
Los platos sucios
como paredón o condena,
el girar y el tiempo sin objeto.
Puede que sea un poema,
pero nada poético hay 
en lo cotidiano per se.
He dejado de buscar:
se busca lo que no se encuentra.
Lo más absurdo
de lo que pretendemos trascendente
es un lugar lleno de locos,
saturado de grafómanos
y gentes perdidas
en reflejos de charcos.
Y todo ello se vende
como solución o coartada.
No sé qué ser:
corcho, islote, alga, arena en el fondo
cuando llegue el temporal
que se barrunta.
Hemos olvidado todo
para así tener una excusa.
Opto por hacer feroces canciones punk
gritando porque la calma
de este cementerio me aterra .
El juego de espejos ha sucedido
a la lucha de clases
y así andamos, con vértigo,
mareados.
La supervivencia como exención
para una condena de total conformidad.
Cuando todo cambia para que nada cambie
la nostalgia de la luz es un deber
y no un tropiezo.
Construimos una identidad transgresora
a base de fragmentos indultados por inocuos.
Así aullamos bajo la normativa de turno.
¿Acaso queda alguien
que se pueda encontrar a sí mismo
sin la correspondiente tarifa de datos?
Qué plenitud haberos expulsado
a todos de mis páginas todas,
qué certeza de vía láctea en verano,
qué totalidad de cumbre
cuando la ventisca de alfileres blancos,
qué solución absoluta como el sonido
de un río que rompe lejos de las ciudades.
No merece la pena volver
a buscar el libro perdido
si el viaje escribe sus propias líneas.
Así, la pérdida es una ganancia.
Así, la vida humana no es sagrada.
Cómo va a ser sagrado algo
que aun condenado a morir
va matando en su cabotaje.
Ningún recién nacido es deseado.
Es la madre quien desea algo imposible,
y sólo encuentra un pálido placebo
al cabo de nueve meses.
Hemos construido civilizaciones
persiguiendo un rayo de luna.
Y sigue girando la noria
con sus cubos de flema y sangre.



No hay comentarios:

Publicar un comentario