El viernes:
cuando abandonamos una rutina
absurda al servicio del capital
para sumirnos en una rutina
estúpida y embrutecida
al servicio del capital.
Qué sería del capital
si no os aflojara la cadena
un poco cada noche, cada finde,
cada vacaciones.
Cuando las moscas se suicidan
contra nuestras pupilas;
cuando nos asalta una secuencia
de instantes mostrando
nuestras vidas en zoom inverso
presas en un reloj de arena;
cuando el mundo te corta
y de la herida sólo brota agua,
aire o paja o hilo leve,
una suerte de otoño desilusionado
consciente del ciclo sin futuro.
Nuestro reflejo
multiplicado al infinito
entre dos espejos enfrentados,
nuestro reflejo número tres mil
quinientos doce gritando:
“soy único”
en ese alejarse eterno
cada vez más minúsculo.
El viernes que nos enloquece
por vernos desde fuera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario