lunes, 12 de diciembre de 2022

Los jóvenes

Los concursos televisivos glorifican la sangre nueva,
animando a los jóvenes a comerse el mundo,
pobre mundo desangrado a dentelladas.
Me deprimen y me quitan toda esperanza
sus fiestas y orgías bajo el bombardeo
celebrando la renuncia absoluta
y olvidando los caminos.
Pasan los años
y nos pensamos diferente;
pasan los años
y lo que vimos ya no lo vemos,
porque todo ha cambiado,
porque nada ha cambiado.
No es posible obviar el sorprendente parecido
de los sembrados con un desierto,
ambos condicionados
por la misma agua vieja.
Sí, es cierto: brotan los romeros
y por un instante su aroma
borra el vertedero.
Pero la insolencia del joven corzo
y su ladrido que corta la tarde
responde más preguntas
que las hileras de adolescentes en prórroga
fichando en centros comerciales,
inyectándose los deseos turbios del algoritmo.
Aún así; resulta irritante el grito agudo
de quien grita por nada: bastante tuve
con aguantar mi adolescencia
como para cargar con la de otros.
La única solución a los adolescentes
es el tiempo: no hay oídos más sordos
a las palabras y los ángulos.
Su brevedad no alberga semillas
ni justifica tu esperanza.
La saliva en ellos es inútil y sabe a lágrimas.
 
 
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