jueves, 8 de agosto de 2019

Cabronías XVI

Niñatos paridos en la burbuja del ladrillo,
mierdas cagadas por obreros de derechas
en la primera década del milenio,
progenie egocéntrica escupida
por adictos al destajo y las horas extra en negro
y el sálvese quien pueda:
carne de cañón para el próximo fascismo.
Destrozan el barrio antes de destrozar el mundo.

***

-¿Quién te lo ha dicho?
La vida, que es muy perra.

***

Lo llamáis poesía,
pero sólo contáis vuestras miserias.
No, la truculencia no basta.
Aunque los suicidas, yonkis
y desgraciados
copen las librerías con bonitos
cadáveres bien comercializados.

***

El operario de parques y jardines
se ve obligado
a dejar llenas las papeleras del parque
por el perro agresivo del indigente.

***

“Cómo escribir después de Auschwitz”.
Como si escribir no fuera la garantía de Auschwitz.
Como si escribir fuera garantía de algo.

***

La chica del bar hace ruiditos y monerías
en búlgaro infantil
a la pantalla de su teléfono.
La todopoderosa ternura de una madre
a tres mil kilómetros de wasap.

***

Un pueblo que no da de beber
al viajero bajo el fuego
es un pueblo roto y sin raíz;
se lo llevará la tormenta.

***

Creo que es el peor accidente de caza posible.
Que un fascista recoja una línea tuya
por casualidad,
una metáfora, una imagen,
y le valga, le sea útil…

***

Un trozo de cebolla rebelde
que escapa del cuchillo,
salta sobre el borde de la ensaladera,
rebota en la encimera y decide caer al suelo.
Desde allí te mira insolente, 
con la seguridad de haber roto todo tu mundo
por un momento.

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